| Adicciones |
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Cuando nos referimos al tema de las “A-dicciones”, debemos hacer referencia al término: “A-Dicto”, es decir, “ausencia de palabras”, aquello que no tiene palabras o no las encuentra para ser dicho y que aparece como un “Hacer”. Lo que sucede es que hay una gran dificultad en la comunicación, con lo cual lleva al sujeto a una “puesta en acto” de aquellos sentimientos deformados, sin mediación el pensamiento. Las palabras no sirven para comunicar y mucho menos para aliviar un dolor, están desvalorizadas y aparecen como instrumento de encubrimiento, manipulación y justificación. La adicción es “Un Hacer en lugar de Decir”, que nos lleva a ubicarla como un síntoma y NO como una estructura. No es un síntoma en el sentido freudiano del término, no es una formación de compromiso, sino una formación de ruptura con el goce fálico. Está netamente vinculada a etapas del desarrollo claramente definidas, tales como el “Complejo de destete”, “Estadio del espejo”, “Complejo de Edipo” y rasgos narcisistas como manifestación temprano del Yo. Deben ser pensadas a partir de la estructura psíquica de la que forman parte y de acuerdo al significado simbólico de la droga, es decir, el lugar que ocupa para determinado sujeto, “sujeto” a una droga. Se nos presenta como una manifestación psicopatológica que deriva del inconsciente, y a través de éste expresa una demanda, “quiere decirnos algo”. El paciente, cuando solicita tratamiento, lo hace a través del lenguaje, con el carácter simbólico que éste implica. Por lo cual, es importante identificar todo aquello que enuncia, así como todo aquello que calla, es decir, aquella relación que mantiene entre lo visible a nuestros ojos, con aquello que permanece oculto. |
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